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miércoles, 11 de julio de 2012

MUJERES DE LA BIBLIA 
Eunice








"Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también" (2 Timoteo 1:5).

En la familia de Timoteo reinaba la tradición cristiana. Conocemos nombres en tres generaciones. Detrás de Timoteo hay Eunice, y detrás de ésta, Loida. Los tres manifiestan una «fe no fingida», que ha pasado de uno a otro. La fe no es impartida por los padres sino que procede de Dios. Pero Dios se complace en permitir que su bendición se acreciente en las sucesivas generaciones, imprimiendo el valor de lo que permanece y el conocimiento de ser llamado, dentro de la familia, para glorificar el nombre del Señor.

Ni Loida ni Eunice podían haberse imaginado que Timoteo iba a ser llamado a un lugar de tanta prominencia en la Iglesia de Cristo. A Pablo esta especie de nobilidad espiritual, que va de una generación a otra, como israelita, le parece especialmente hermosa. Se goza al contemplarla. Pero nos habla de ello por algo más: quiere llamar nuestra atención a lo realizado por la madre, la forma en que Dios la usó, a ella y a Loida, para inspirar la fe ferviente y real en Timoteo.

Pablo viene a decirnos que el hecho que Timoteo fuera criado bajo la influencia de la gracia es motivo en sí para dar gracias a Dios. La salvación puede tener lugar a cualquier edad, incluso a edad muy avanzada, pero el llegar lejos en el conocimiento de Dios suele ser más seguro cuando el niño ha sido criado dentro de las Escrituras. El corazón, espíritu y conciencia del niño es más tierno y en él se hunden de modo indeleble las enseñanzas. Cuando han sido imprimidas con eficacia difícilmente se borran más adelante. Timoteo tuvo un inmenso privilegio al poder ser educado desde la niñez en el camino del Señor. Para él, el conocimiento de la Escritura y el contenido de la fe fue vívidamente real. No eran un mero barniz formal, sino que habían crecido y se habían hecho una posesión inseparable de su propia vida y conciencia.

 Pero en otras ocasiones la madre inspira de modo permanente la vida del hijo y éste conserva siempre sagrados recuerdos de ella. Es algo glorioso que unifica a los dos espiritualmente. La ternura del amor materno es santificada por el amor de Cristo; el amor maternal potencia el ferviente anhelo de la madre de que el hijo sea del Salvador. 

viernes, 6 de julio de 2012

ANA LA PROFETISA

MUJERES DE LA BIBLIA














ANA,LA PROFETISA


"En ese momento se presentó ella, y comenzó también a expresar su reconocimiento a Dios y a hablar de él a todos los que aguardaban la redención en Jerusalén" (Lucas 2:38).

Toda la gloria del nacimiento de Jesús se concentró sobre el antiguo reino de Judá. Tanto José comoMaría descendían de la tribu de Judá. Elisabet vivía en Judá y allí nació Juan. Belén pertenece a Judá.
Sin embargo, Jesús vino para todo Israel, y más que para Israel, para ser luz a los gentiles. Los magos vinieron como representantes de los países paganos, para rendir tributo al nuevo Rey. Y Ana, la profetisa del Templo, vino a confesar la esperanza de sus padres por parte de Israel, que se hallaba fuera de los dominios propios de Judá. No descendía de la tribu de Judá. Era hija de Fanuel, de la tribu de Aser. La tribu de Aser estaba situada en las tribus dispersas. Por eso su cargo en el Templo tenía significancia especial. Bajo Joroboam, las Diez Tribus se habían emancipado de la casa de David, y durante los siglos, habían seguido rechazando el Mesías de Israel y el Dios del Pacto. Ahora vemos que Ana aparece en elTemplo, junto a la figura de Simeón, para saludar al Rey de la Casa de David. Parece como si Ana viniera a llamarle a que fuera al Lago de Genezaret y a la despreciada Galilea, a fin de que pudiera recoger un pueblo rebelde a su Reino.
Simeón y Ana eran los dos ancianos. Ana tenía pasaba  los ochenta y cuatro años. No representaba pues, ni tampoco Simeón, a la nueva generación. No pertenecían al círculo del cual el Señor escogió sus discípulos, ni al grupo del que escogió a María y Marta. Al contrario, pertenecían a Israel que moría. Ana extendió la palma de honor a Cristo, no como representante del pasado, sino del futuro. Parece como si viniera a ofrecerle la acción de gracias de cuarenta generaciones a los pies de Jesús, antes de morir.
Ana trajo esta ofrenda como mujer, después que Simeón lo había hecho como hombre. Así, observamos que los dos sexos, juntos e individualmente, son llamados a glorificar al Dios de Israel. Junto a Abraham hallamos a Sara, junto a Barac a Débora, junto a Moisés a Sípora. Y a Ana, de Aser, junto a Simeón. No era su mujer, sin embargo. Su relación era intensamente espiritual, que trasciende toda diferencia de sexos. Se había casado, y era  hacía ochenta y cuatro años viuda , y vivió siete años con su marido. No se nos dice qué fue de él, y ella no se había casado otra vez. Se hallaba recluida en el Templo, guardando y sirviendo en él de día y de noche, con ayunos y oraciones. Su vida debió ser de genuina piedad, y tenía que haber oído de Simeón que el Cristo había de venir antes de su muerte.
Además de lo dicho, era profetisa, y queda incluida en la larga serie de los que habían sido heraldos del Profeta y Maestro venidero a lo largo de los siglos. Cristo representaba a una tribu de reyes. Zacarías y Elisabet a una tribu de sacerdotes. Ana representaba a los profetas. Esta última profetisa viene a confirmar lo que habían anunciado los que la habían precedido, especialmente Isaías y Malaquías. No sólo confesó a Cristo, sino que "comenzó también a expresar su reconocimiento a Dios y a hablar de él a todos los que aguardaban la redención en Jerusalén.»
Su testimonio en el Templo fue la última voz de la profecía que se oyó. La profecía había cumplido su cometido. Juan, el heraldo del Señor, estaba esperando a la puerta.

NOEMÍ




MUJERES DE LA BIBLIA







NOEMÍ

"Y ella les respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara, porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso" (Rut 1:20).

Noemí significa «placentera». Comparada con varias de las mujeres anteriores, Noemí se nos presenta como amistosa y amable. Está relacionada con la genealogía de Cristo, indirectamente, una de las mujeres con rasgos nobles. La nobleza de sus rasgos da lugar inmediatamente a nuestra sincera simpatía, especialmente si añadimos el hecho de sus sufrimientos.
Casada con Elimelec, huyó con su marido de un hambre en su tierra, Belén, y fueron a parar a Moab. Por la historia vemos que su corazón siguió apegado a los suyos y a Belén. Su esposo murió en Moab, en el exilio, y ella se quedó con sus dos hijos, Mahlón y Quelión. Los dos se casaron con mujeres moabitas. Pero el Señor le quitó a sus dos hijos, ya casados, además de haber quedado viuda. Sólo le quedaban las dos nueras, y éstas no eran de su pueblo ni servían a su Dios.
Reducida a la extrema pobreza Noemí decidió regresar a Belén, tanto más que había oído que en Belén el pan era ahora abundante. Salió de Moab acompañada de sus dos nueras.
Era ya, prácticamente una mujer de edad avanzada.
El camino tuvo que serle penoso en gran manera, pero al fin volvió a ver su amada Belén, la ciudad de su felicidad infantil. Podemos imaginarnos el interés con que los habitantes de la ciudad observaron a Noemí y la companía que llevaba consigo, una de las nueras. Se nos dice que «toda la ciudad se conmovió por causa de ellas; y decían: "¿No es ésta Noemí?".» Con lágrimas en los ojos la anciana contestó: «No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara, porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.»
Pero Noemí no había regresado sola como dijimos. Una de las nueras había decidido acompañarla, a pesar de que Noemí había intentado disuadirla. Noemí se nos dice que había despedido a las dos: «Volveos cada una a la casa de vuestra madre.» Noemí supondría que las dos habían seguido orando a los dioses de Moab. Dos veces consecutivas les suplicó que la abandonaran. Finalmente, Orfa besó a su suegra y regresó a los suyos. Rut, empero, se negó a abandonarla. «Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios», fue la respuesta decidida de Rut. Moab descendía de Lot, y por tanto de Abraham. Es posible que hubiera permanecido un remanente fiel a Dios en Moab y que, sin saberlo Noemí, Ruthubiera estado en contacto con ellos. El Señor, en todo caso, se acercó a su alma con su gracia omnipotente. Lo que sabemos de cierto, pues, es que Rut decidió abandonar a los dioses de Moab y ser fiel al Dios de Israel. Por ello, tenía muy poco sentido para ella quedarse en Moab y prefirió ir con su suegra.
Noemí era pobre y se sostenían las dos de las espigas que Rut recogía en los campos yendo en pos de los segadores. Los planes que hizo Noemí para Rut son distintos de los planes a que nosotros estamos acostumbrados, pero seguían las costumbres de aquellos tiempos en Belén.
Las palabras de Noemí muestran ternura y consideración para su nuera. Noemí venció su amargura y volvió a ser amable y cariñosa como había sido antes. Dios honró a esta mujer abandonada de modo excepcional. Además de incluirla en el relato de las Sagradas Escrituras, y de proporcionarle la simpatía de la Iglesia de todos los tiempos. Permitió que su sangre se mezclara con la del Hijo de Dios en el curso de las generaciones.

viernes, 29 de junio de 2012

TRIFENA Y TRIFOSA

MUJERES DE LA BIBLIA




















TRIFENA Y TRIFOSA

Otras dos mujeres que menciona Pablo en sus epístolas son Trifena y Trifosa. Ambas eran miembros de la comunidad cristiana en Roma y eran grandemente respetadas por su contribución a la obra del Señor. En Romanos 16:12 Pablo muestra su alto aprecio por ellas al saludarlas por su nombre.

ROMANOS 16:12 “SALUDAD A TRIFENA Y A TRIFOSA, LAS CUALES TRABAJAN EN EL SEÑOR. SALUDAD A LA AMADA PÉRSIDA, LA CUAL HA TRABAJADO MUCHO EN EL SEÑOR.” 


En su epístola a los Romanos, Pablo menciona a otras mujeres más: Junias, la madre de Rufo, Julia y la hermana de Nereo. (Ro. 16:7, 13, 15), pero solo aparecen sus nombres y nada más. Alguna influencia y bendición muy especial recibió Pablo de todas ellas, hay que recordar que para Pablo en sus Epistolas al mencionar los nombres de los ministro era afirmando y legitimando su contribución en la Obra del señor
.

martes, 19 de junio de 2012




















MUJERES DE LA BIBLIA
MARIA DE BETANIA
 Martha, es un personaje que aparece solamente en el Nuevo Testamento. Marta era natural de Betania. Era hermana de Lázaro yMaría. En su casa se hospedó Jesús al menos en tres ocasiones.

Marta es mencionada solamente en dos evangelios: el de Lucas (Lc 10,38-42), y el de Juan (Jn 11,1-5).
Según el evangelio de Juan, los hermanos Marta, María y Lázaro vivían en la aldea de Betania, cerca de Jerusalén. En el evangelio de Lucas, sin embargo, parece indicarse que hubieran vivido, por un tiempo por lo menos, en Galilea. Lucas no menciona en nombre de la aldea (tal vez pudo haber sido Magdala, lo que avalaría la identificación hecha posteriormente entre María de Betania y María Magdalena.
Hay muchas semejanzas entre la imagen de Marta en uno y otro evangelio. La familiaridad de las conversaciones entre Jesús y la humilde familia que Lucas describe, es la misma que Juan. Marta sirve con frecuencia a Jesús (Jn 11,5, Lc 10,40). En el evangelio de Juan afirma que Jesús es el Cristo y el Hijo de Dios: "Ella contestó: -Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo" (Jn 11,27).


En los días de Marta de Betania, existía una gran barrera entre los hombres y las mujeres, hasta el punto de que los hombres judíos daban gracias a Dios en sus oraciones cada mañana porque no les había hecho nacer “ni esclavo, ni pagano, ni mujer”.
Pero Jesús era un judío muy diferente. El no hacia diferencia entre hombre o mujer, sino que él se mostraba interesado por todo ser humano.
Marta, juntamente con su hermana María y su hermano Lázaro, disfrutaba de una amistad especial con el maestro.
I.- MARTA CON EL DON DE HOSPITALIDAD
En contraste con su hermana María, Marta se dedicaba más a los asuntos prácticos que a los espirituales aunque notaremos que tenía una fe genuina y profunda.
“Seis días antes de la Pascua llegó Jesús a Betania,  donde vivía Lázaro,  a quien Jesús había resucitado. Allí se dio una cena en honor de Jesús.  Marta servía,  y Lázaro era uno de los que estaban en la mesa con él”. Juan 12:1-3

Probablemente Marta era una de estas mujeres dinámicas, trabajadoras, buenas organizadoras, generosas, impulsivas y hospitalarias. Todas debemos de cultivar algunas de estas cualidades, porque Cristo dijo:

“Pero entre ustedes no debe ser así.  Al contrario,  el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su
servidor”,  Mat 20:26

y también lo afirma la lista de deberes cristianos que encontramos en Romanos

“practicando la hospitalidad” Romanos 12:13

Así que las mujeres como Marta con el don de servir y ser buenas anfitrionas, son una gran bendición en el reino de Dios.

 II.- ENCONTRANDO EL EQUILIBRIO

Aunque es muy importante servir, tenemos que ser equilibradas, y Marta tuvo que aprender esto. En Lucas
leemos la ocasión en que Jesús y sus discípulos habían llegado a la casa de Marta y otra vez ella estaba
sirviéndoles.

“Tenía ella una hermana llamada María que,  sentada a los pies del Señor, escuchaba lo que él decía. Marta,  por su parte, se sentía abrumada porque tenía mucho que hacer.  Así que se acercó a él y le dijo: –Señor,  ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sirviendo sola?  ¡Dile que me ayude! –Marta, Marta –le contestó Jesús–,  estás inquieta y preocupada por muchas cosas, pero sólo una es necesaria.* María ha escogido la mejor,  y nadie se la quitará”.  Luc 10:39-42 

Una forma de encontrar el equilibrio entre el servicio y la comunión con el Señor, es aprovechar cada momento que tengas la oportunidad de escuchar, o leer  la palabra de Dios y de orar. Si tú eres de las que dicen; es que no tengo tiempo suficiente, entonces será bueno que tú te des la oportunidad, tomando la decisión de buscar primero las cosas de Dios. Y apartar un tiempo de tu ocupado día para estar a solas con Dios. 


1.- APROVECHAR LOS MOMENTOS ESPECIALES

El problema con Marta no era que hacia mal en trabajar y practicar la hospitalidad, sino que era dominada por el trabajo y no sabía aprovechar los momentos especiales para sentarse y aprender del Maestro.
Cuando Jesús le dijo a Marta que su hermana menor había escogido sabiamente, no estaba restándole importancia a Marta, ni dejando de agradecer sus atenciones. El no dijo que María no debía ayudar a su hermana; lo que El dijo fue que si había que escoger entre dos posibilidades, debemos escoger alimentar nuestro espíritu antes que alimentar el estómago.

Si al querer encontrar el equilibrio me encuentro con la gran pregunta de: ¿qué es más importante?; ¿ser sierva o amante?

2.- ¿SIRVIENTAS O AMANTES?

Parece razonable afirmar que Jesús sabía que Marta estaba demasiado concentrada  en sus quehaceres hogareños que descuidaba su alma, y lo más probable es que ella estuviera totalmente inconsciente de esta tendencia de descuidar su interior.
Entonces ¿Qué desea el Señor, que seamos sirvientas o amantes? La respuesta es ambas. El que ama a Dios, le sirve. Sin embargo hay que tener cuidado de no caer en la trampa, como Marta, y terminar siendo únicamente una sirvienta. Jesús busca adoradores antes que servidores. El servicio viene como resultado.

III.- MARTA DECIDE ESCOGER LA MEJOR PARTE.(Oír la palabra de Dios)

En Juan 11, encontramos a Marta y a María muy tristes porque su hermano Lázaro se había muerto. Cuando llegó Jesús a su casa en esta ocasión, Marta le reclamó porque no había venido cuando lo llamaron.
Cuando Jesús le aseguro que su hermano resucitaría, ella contestó: “yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero”.
Entonces El Señor le contesto: “yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mi, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que cree en mi no morirá eternamente. ¿Crees esto?”
Marta respondió: “Si, Señor, yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo. ’’ Juan 11:27
¡Marta llegó a reconocer quien era Jesús en realidad!

CONCLUSIÓN:
La hospitalidad y servicio son dones dados por Dios para ponerlos al servicio de los demás. Y que mejor ejemplo que Marta, que podía a ser sentir a la gente como en su casa, pero también es un buen ejemplo, que lo correcto es tener nuestras prioridades en orden.
Para dar buen uso de estos dones tenemos que pasar tiempo en la presencia de Dios meditando en su palabra, para que nuestra fe esté equilibrada con nuestro servicio.

by Liz

sábado, 16 de junio de 2012





















MUJERES DE LA BIBLIA 


ESTER 


Mujer judía, del linaje de Benjamín (Est 2.7), que llegó a ser reina del Imperio Persa. Por su gestión liberadora es heroína de su pueblo en una hora de crisis nacional (4.14ss). Era huérfana de padre y madre, pero su primo → Mardoqueo (2.7), varón inteligente (2.20), caritativo (2.7), precavido (2.11), fiel al rey (2.22) y firme en sus convicciones religiosas (3.2), la adoptó como hija. Su nombre hebreo era Hadasa (2.7).A Ester la eligieron por esposa del rey → Asuero, y en este cargo le fue necesario, por algún tiempo, ocultar su origen judío (2.10, 20). Sin embargo, esto le permitió gobernar en favor de los suyos. Su primer gran enemigo dentro de la corte fue → Amán, primer ministro nombrado por Asuero y cruel enemigo de los judíos (3.1). Amán hizo que el rey firmara un edicto de destrucción contra los israelitas (3.9–15), pero Mardoqueo supo del peligro que se cernía sobre su pueblo y acudió a la reina Ester para ordenarle inmediata intervención (4.12–14). Ester ayunó (4.16), lo cual indica su sincera piedad, y uniendo su diplomacia de reina con la inteligencia de su primo Mardoqueo, a quien obedeció en todo (4.17), obtuvo que el rey dictase otro decreto en favor de los judíos perseguidos (7.1–8.12). A Amán lo condenaron a morir en la horca que él mismo ordenó levantar para Mardoqueo (7.10). Desde entonces los judíos conmemoran esta victoria con la fiesta nacional llamada → Purim (9.17–32). Después de la muerte de Amán, Mardoqueo ocupó el puesto de primer ministro del gran Imperio Persa (10.3) que, según narra la Biblia, «se extendía desde la India hasta Etiopía, sobre ciento veintisiete provincias» (1.1).Ester se distingue sobre todo por su obediencia (2.20) y humildad; su admirable discreción (2.10, 20) y simpatía (2.7, 15); su preocupación por el bienestar de sus semejantes (4.5); su valor (4.11, 16; 5.1) y diplomacia (5.4, 12); su dureza con los perversos (7.6) y su fe (4.16); y su firme compromiso con los necesitados y perseguidos.

viernes, 15 de junio de 2012



MUJERES DE LA BIBLIA





Sara, la que creyó

Esposa de un hombre de fe



Como tantas otras grandes mujeres de la Biblia, Sara vive a la sombra de su tienda y de su esposo, Abraham, el patriarca del pueblo judío.
La historia de Sara y Abraham es azarosa. Se va desarrollando entre las tierras de Palestina y Egipto, siguiendo el periplo de Abraham y su tribu en su vida nómada de rico propietario ganadero. La Biblia nos resalta en todo momento una relación muy especial de Abraham con Dios, a quien habla de tú a tú, y con quien le une, no sólo la veneración debida a un Dios poderoso, sino una confianza que llega a ser entrañable.
El drama de Sara, esposa de un hombre importante, era la esterilidad. La promesa de Dios a su marido: “serás padre de un gran pueblo”, hacía aún más absurda y dolorosa su situación. Como relata la Biblia, Abraham tomó a su esclava Agar para tener descendencia con ella. Fruto de esta unión nació Ismael, padre, según la tradición, de los futuros pueblos arábigos, hermanos del pueblo judío.
Pero las cosas iban a cambiar para Sara. Siendo ya de edad madura, ella y su esposo reciben una visita un tanto especial.


El huésped

Tres hombres embozados se acercan al campamento de Abraham y piden su hospitalidad. Éste los acoge solícito e inmediatamente reconoce que es una visita extraordinaria. Es Dios mismo, en forma humana, quien acude a visitarlo. Abraham pide a su esposa que les prepare los manjares más selectos para comer.
Acabado el banquete, los visitantes misteriosos llaman a Sara y le hacen una promesa: al cabo de un año, tendrá un hijo. Sara ríe. ¿Cómo creer esas palabras, si es estéril y ya ha dejado atrás la edad reproductiva? Pero la promesa se cumple. Y Sara engendra a Isaac, el joven a quien su padre amaría entrañablemente. El mismo que Dios le ordenaría poner en sus manos, años después.
Como la de Abraham, la de Sara es una historia de fe. Ante las palabras de Dios, a veces incomprensibles, absurdas o alejadas de nuestra lógica humana, la primera reacción es de incredulidad, hasta de risa. La Biblia cuenta que Sara soltó la carcajada cuando oyó las palabras de sus invitados. Sí, el designio de Dios puede parecernos un tanto increíble, aunque éste sea bueno. Al menos, Sara ha hecho una cosa: ha acogido a Dios, ha sido hospitalaria. Y las palabras divinas se han abierto paso en su corazón, muy a su pesar. ¿Acaso tener un hijo no es lo que más desea en el mundo?

Dios conoce lo que desea nuestro corazón

Dios sabía lo que más anhelaba Sara. Así ocurre con todo ser humano. Dios conoce los secretos y los deseos más recónditos de nuestro corazón. Ni una lágrima, ni un anhelo, le es indiferente. Si estas aspiraciones nos llevan a la plenitud, ¿cómo dudar que nos las va a conceder? ¡El no desea otra cosa! Somos nosotros quienes, a veces desconfiamos. No creemos que Dios pueda ser tan magnánimo, tan generoso o tan conocedor de los entresijos de nuestra alma. Poner aquello que deseamos en sus manos es la manera más segura de conseguirlo, siempre que esto contribuya realmente a nuestro bien.
Así lo hizo con Sara, contra todo pronóstico. Lo que para las fuerzas y capacidades humanas es imposible, no lo es para Dios. ¿Puede ser imposible para quien ha creado la naturaleza humana producir en ella un pequeño cambio? Sólo el artista es capaz de retocar su obra para perfeccionarla.
Esta historia nos proporciona un poderoso aliciente ante los obstáculos que impiden nuestra felicidad o bienestar. Tal vez algunos de ellos son fácilmente solucionables. Otros nos parecerán imposibles. ¿Cómo cambiar nuestro carácter, nuestra propia naturaleza, nuestros defectos, nuestra historia? No es necesario. Dios puede hacer milagros y hacer brotar flores hasta del desierto. Sí, también en nosotros Dios puede hacer maravillas. De lo estéril, Dios puede sacar fruto abundante. Con Dios, nuestras miserias y debilidades pueden producir actos de nobleza y heroísmo humano. Nadie está excluido. Pero Dios es un huésped sumamente gentil y educado. Si no lo invitamos a pasar, como hicieron Abraham y Sara, si no lo dejamos entrar en nuestro hogar, jamás forzará la entrada ni nuestra respuesta. Dios sólo intervendrá en nuestra vida si se lo permitimos. Sólo fecundará nuestro jardín interior si le abrimos la cancela. Eso sí, una vez esté dentro, nos asombraremos ante lo que pueda ocurrir. Pues nosotros pedimos favores y gracias con medida humana, y él da con medida de Dios: inabarcable, inesperada, magnificente.

El cambio de nombre

En la historia de Abraham y Sara se da un hecho que vale la pena explicar. Ambos personajes eran llamados, inicialmente, Abram y Saray. Desde el momento en que comienza su relación más estrecha con Dios, éste mismo les cambia los nombres por los nuevos de Abraham y Sara. El nombre, en la cultura hebrea, es importante. No sólo distingue a una persona de otra: el nombre expresa su identidad y su mismo ser. El cambio de nombre equivale a cambio de persona. Es decir, después de que Dios pase por sus vidas, Abram y Saray ya nunca serán los mismos. Serán un hombre y una mujer nuevos. Así sucede con todo aquel cuya vida se ve sacudida por el soplo de Dios. Su aliento, como dice un hermoso salmo, renueva la vida y la faz de la tierra. También renueva y hace renacer por dentro a la persona que se abandona en sus manos y confía en su amor.

domingo, 10 de junio de 2012





















MUJERES DE LA BIBLIA FEBE

FEBE




Cristiana, aparantemente gentil, de la que Pablo dice en
 Romanos 16.1–3: «Les encomiendo a Febe nuestra hermana, quien es diácono de la iglesia de Cencrea, para que la reciban en el Señor de una manera adecuada a los santos y para que la ayuden en cualquier cosa que de vosotros necesite, pues también ella protectora de muchos ha sido y de mí mismo». Estas breves líneas señalan a Febe como una líder importante en la iglesia primitiva. Tenía el título de diácono y no era una simple colaboradora como algunas versiones de la Biblia quieren indicar con la palabra diaconisa. La palabra griega que habla de su cargo está en masculino y no en femenino, lo que significa que tenía el mismo nivel que hombres con el mismo cargo.

El concepto de «protectora» o benefactora es también muy indicativo de quién era. Al parecer tenía una buena posición económica y usaba su riqueza para apoyar la comunidad cristiana local.

Pablo hace resaltar la ayuda que Febe le brindó. Todo esto indica que Febe era una importante líder de la iglesia primitiva, lo que abre una serie de interrogantes acerca del trabajo de las mujeres en el desarrollo del cristianismo.

Evidentemente Febe fue la portadora de la Epístola a los romanos, pues Pablo la recomienda a la hospitalidad de los hermanos en Roma (Ro 16.1, 2).

lunes, 4 de junio de 2012


















MUJERES DE LA BIBLIA


MARIA (betania)



María

En el Evangelio de Lucas (Lc 10,38-42, se menciona que cuando Jesús estuvo predicando en Galilea, se hospedó en la casa de Marta. Marta se dedicó a arreglar la casa, y a preparar la cena; María, en cambio, "se sentó a a los pies del Señor y se quedó escuchando su palabra" (Lucas, 10,39). Marta, viendo esto, dijo: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para atender? Dile que me ayude." (Lucas 10,40). Jesús reprochó a Marta de forma cortés y familiar, diciéndole " Marta, Marta, estás ansiosa e inquieta acerca de muchas cosas, pero de pocas cosas hay necesidad,o de [sólo] una; porque María ha escogido la parte buena y que no se le será quitada".
Sentarse a los pies del Señor en una muestra de interés por la Palabra del Señor es lo que hizo María, en vez de ayudar con los preparativos. María tuvo una actitud de recogimiento y oración, mientras que Marta en ese momento tenía la preocupación por las cosas temporales.

[editar]La resurrección de Lázaro

En el Evangelio de Juan (Jn 11:1-44), se menciona la resurrección de Lázaro, hermano de María y Marta de Betania. Ellas le mandaron a decir que su querido amigo estaba enfermo, pero Jesús no fue a visitarlas antes de que aquel muriese. A su llegada, Marta salió a recibirle, mientras María permanecía en casa. Jesús le dijo a Marta que Lazaro iba a resucitar. Ella asumió que se refería al Día del Juicio Final, y después fue a llamar a María. Ella salió a su encuentro y al verle se tiró a sus pies y le dijo:
"Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”" (Jn, 11:32).
Jesús, al ver esta súplica y las lágrimas de ella, su hermana y todos los presentes, lloró conmovido por tanta emoción, y pidió que le llevaran a la tumba de Lázaro, al cual resucitó. Claramente Jesús demuestra el amor que siente por esta familia, y su amistad con ellos.

[editar]La cena de Betania

Después de la resurrección de Lázaro, Jesús es invitado a una cena en la cual María otra vez demuestra su devoción por él.
"María, pues, tomó una libra de perfume muy caro, hecho de nardo puro, le ungió los pies y se los secó con sus cabellos, mientras la casa se llenaba del olor del perfume." (Jn, 12:3).
La libra de perfume que María usó es uno de los símbolos iconográficos que se usan para representarla a ella, en forma de un pequeño envase con perfume.
Después de hacer esto, Judas Iscariote, que estaba presente, reprocha a María el gasto que ha hecho, diciéndole que ese perfume se pudo haber vendido para ayudar a los pobres, pero Jesús le dice que la deje, pues es señal que su muerte se acerca.


domingo, 3 de junio de 2012
















Mujeres de la Biblia
Débora

"Las aldeas quedaron abandonadas en Israel, habían decaído, hasta que yo Débora me levanté, me levanté como madre en Israel." (Jueces 5:7)

Después de la muerte de Josué siguió para el pueblo de Israel un período de desorganización, discordia entre tribus y un retorno a la adoración de dioses hechos de madera y piedra. Israel olvidó el verdadero Dios que los había librado de la cruel esclavitud, los auxilió en el desierto, y los trajo a morar en una tierra placentera. Se les había mandado no adorar a otro dios y por esta desobediencia Dios los entregó en poder de sus enemigos. Pero cuando ellos clamaron al Señor, "Jehová levantó jueces que los librasen" (Jueces 2:16). Estos héroes nacionales fueron llamados algunas veces "libertadores," y de la mayoría se dice que "juzgaron a Israel" por un cierto número de años. Es obvio que esto imparte un nuevo significado a la palabra "juez," es decir, el de un líder en batalla y un gobernante en tiempo de paz. También fueron más que líderes y gobernantes, puesto que fueron comisionados por el Espíritu Santo de Dios para la liberación y preservación de Israel hasta el establecimiento del reino.
Débora, una profetisa, apareció por el año 1125 antes de Cristo. Tenía su sede entre Ramá y Betel, donde el pueblo de Israel venía a consultarla en relación con sus diferencias tribales y problemas familiares. Así que ella era un juez en el sentido no militar de la palabra, y es probable, debido a su prestigio como profetisa y juez, que el pueblo había recurrido a ella en las circunstancias a las que estaban reducidos bajo la opresión de Jabín.
Sísara era el comandante de la fuerzas armadas de Jabín, rey de Canaán, en cuyo poder Dios había entregado a Israel. Su cruel opresión había durado veinte años cuando Débora fue comisionada por el Espíritu Santo para que enviara por Barac, hijo de Abinoam, quien residía a unos 150 kilómetros al norte del campamento de Débora, en Cedes de Neftalí.
"¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel?"

"Y yo atraeré...a Sísara...y lo entregaré en tus manos."
Este mandato y promesa de parte del Señor no fue suficiente para animar a Barac, con los hombres de Israel, para atacar a Sísara, sin la presencia de Débora:
"Si tú fueres conmigo, iré, pero si no fueres conmigo, no iré."
¿Percibía Barac que Débora era el vínculo vital entre él mismo y Dios? Su propia fe debería de haber sido suficientemente fuerte como para confiar en la promesa de Dios; sin embargo, obviamente necesitaba apoyo tangible así como nuestra fe con demasiada frecuencia lo necesita. Débora, accediendo a acompañarlo en la batalla, previno a Barac que su debilidad de fe resultaría en que la gloria y el honor se pasarían a una mujer.
Canto de triunfo
La batalla se realizó en el valle de Jezreel, diciendo Débora a Barac cuando lanzar la ofensiva, el día en que el Señor entregaría en manos de los israelitas a Sísara y su ejército. Sísara, reconociendo su derrota, abandonó sus carros y caballos y huyó a pie hasta el campamento de Heber el ceneo, quien se había separado de su tribu y estaba habitando en Cedes. Allí encontró Sísara su destino a manos de Jael, esposa de Heber. Así, Barac encontró que Sísara había sido muerto por una mujer con una estaca y un martillo. ¡Cómo deben de haber sonado en los oídos de Barac las palabras de Débora: "En mano de mujer venderá Jehová a Sísara."
"Y la mano de los hijos de Israel fue endureciéndose más y más contra Jabín rey de Canaán, hasta que los destruyeron." (Jueces 4:24)
En el canto de triunfo de Débora vemos una vívida descripción de la vida del pueblo de Israel bajo la opresión de Jabín: "Quedaron abandonados los caminos," y los que viajaban por el país "se apartaban por senderos torcidos." La gente de las aldeas entraba en las ciudades para mayor protección "hasta que yo Débora me levanté, me levanté como madre en Israel." Esta mujer fiel vino a ser el estímulo para la fe de Barac, habilitándolo para derrotar a los opresores de Israel, con el cumplimiento de la promesa de Dios. "Y la tierra reposó cuarenta años." Aunque la fuerza de Débora fue el apoyo para la debilidad de Barac, es el nombre de Barac el incluido en la lista de hombres y mujeres fieles en Hebreos 11: "¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac..." Pero, ¿qué más grande homenaje podría recibir Débora que el de ser conocida para siempre como "madre en Israel"?

Actualmente muchas mujeres claman por la llamada liberación de su sexo. La mujer sabia se dará cuenta de que ella tiene mucho poder para manejar los sucesos presentes y futuros. La madre tiene a su cargo el entrenamiento del niño durante la mayor parte de sus años de formación, y la esposa puede ayudar a sostener y guiar a su esposo. ¿No formó Dios a Eva como compañera? Una mujer que confía en el Señor no se fía de su propio entendimiento, sino que reconoce a Dios en su vida diaria, permitiéndole dirigir su camino. Ella será, como Débora antes que ella, guía, consejera y apoyo para su esposo e hijos y para la comunidad en que vive, siempre lista con la mano auxiliadora y la palabra amable, un soporte para los débiles en la fe, una madre en el Israel espiritual.
Nadie menosprecie el papel asignado a la mujer; aunque primera en la transgresión, ella ha sido redimida. Las Escrituras nos describen algunas mujeres cuya fe superó o complementó la de los hombres. En estos últimos días trabajemos juntos hombres y mujeres en el Señor para el engrandecimiento de la gloria de Dios; porque esta será nuestra tarea conjunta en el reino venidero. Si no trabajamos juntos ahora, tampoco lo haremos entonces. Todos somos uno en Cristo Jesús.