letrero

miércoles, 26 de septiembre de 2012

UNA CONSPIRACIÓN DE INTERRUPCIONES

David Wilkerson

















Todo el infierno tiembla por la oración eficaz y ferviente de un solo creyente. La poderosa oración de sólo un intercesor suena como furiosos truenos en las cavernas de condenación. Ni un solo centímetro de espacio en
el infierno no se ve afectado por un creyente que se niega, toma su cruz y sigue a Cristo con todo su corazón.
Sin embargo, hay que recordar: El alma que clama con angustioso anhelo la profundidad de Cristo se convierta en el foco central de la conspiración de interrupciones de Satanás.
Un pastor me escribió, diciendo: "Mi mayor lucha no es con algún pecado secreto de la carne, sino ¡con
mantener una vida constante de oración y estudio de la Palabra de Dios! Satanás rara vez me tienta con el pecado sexual, pero me mantiene tan ocupado con los asuntos cotidianos de la vida que mis tiempos de oración y de estudio se ven perjudicados. Yo no permito que esto suceda intencionalmente pero quedo atrapado en todo tipo de proyectos e interrupciones; este ciclo se repite una y otra vez y Satanás me está robando
mi tiempo con Dios."
Al igual que millones de otros sinceros cristianos, este querido pastor es víctima de una conspiración demoníaca de interrupciones. Y el objetivo principal del diablo en estos ataques es el lugar secreto de oración.
Entonces, ¿cómo hace el diablo para tener a los creyentes fuera de este “temible” lugar secreto? ¿Les tentará con imágenes eróticas, calmando los pensamientos escapistas a través del alcohol o las drogas, o con sueños
de fama y prosperidad?
No, ¡nunca! El diablo sabe que la persona en unión con Cristo no se verá tentada por tal vulgaridad. En cambio, el viejo zorro pretende interrumpir y obstaculizar al creyente todo lo posible para entrar en la presencia de Dios y
estudiar su Palabra.
La comunión en oración y el estudio de la Palabra de Dios no pueden ser opcionales. Su pensamiento no puede ser simplemente que usted debe orar, sino que no puede sobrevivir sin la oración. Job dijo: "Guardé las palabras de su boca más que mi comida" (Job 23:12).
Sólo cuando orar sea lo suficientemente importante para Usted, sólo entonces… ¡sacará tiempo para hacerlo!

domingo, 23 de septiembre de 2012

VUELVE A BET-EL

David Wilkerson 

















Dios vino a Jacob en un sueño y le dijo “Vuélvete a Bet-el, el lugar donde te conocí y construye un altar allí, como prometiste que lo harías” (vea Génesis 28:10-22 y 31.13).
Jacob había oído una palabra clara de Dios, y actuó en completa obediencia a esa palabra. Él sabía que Dios lo guardaría, estaría con él y cumpliría Su plan. Sin embargo, Jacob enfrentó un peligro que lo llevó al borde de la
destrucción.
Él iba a volver a enfrentarse a su hermano Esaú, y a su padre Isaac, a quienes había engañado. En un momento, llegó un mensajero a Jacob, advirtiéndole: “Esaú viene hacia aquí con un ejército de 400 hombres.
¡Él está tratando de hacerte daño!”
La escritura dice que “Entonces Jacob tuvo gran temor…” (Génesis 32.7).Rápidamente dividió su pueblo en dos grupos, pensando: “Si Esaú mata un grupo, al menos el otro puede escapar”. Sin embargo, incluso en la
experiencia más terrible de su vida, vemos pruebas del corazón contrito y destrozado de Jacob:
“Y dijo Jacob: Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, Jehová, que me dijiste: Vuélvete a tu tierra y a tu parentela, y yo te haré bien; menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad que has usado para con tu siervo; pues con mi cayado pasé este Jordán, y ahora estoy sobre dos campamentos.”
“Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo; no venga acaso y me hiera la madre con los hijos. Y tú has dicho: Yo te haré bien, y tu descendencia será como la arena del mar, que no se puede contar por la multitud.”(Génesis 32:9-12)
Jacob se estaba sujetando al Pacto que Dios había hecho con él. Estaba diciendo en esencia: “Señor, Tú me hiciste una promesa. Sé que no soy digno de ella, pero Tú dijiste que irías conmigo. Pero ahora estoy a punto de perderlo todo. No estoy atribuyéndome ninguna bondad de mi parte, pero te amo y te estoy obedeciendo, así que, ¿Dónde está tu pacto Dios?
Al final de su vida, Jacob, un hombre con un corazón contrito pudo mirar hacia atrás y decir “cuando mi hermano Esaú me amenazó, parecía que mi vida había terminado pero Dios me saco de ahí. ¡Mi Señor estaba allí todo el tiempo!

Anhelo una Bendición para mi Salir el día de Hoy!

CHARLES SPURGEON

























"Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir." Deuteronomio 28: 6.

Las bendiciones de la ley están vigentes. Jesús confirmó la promesa cuando soportó el castigo. Si yo guardo los mandamientos de mi Señor, puedo apropiarme de esta promesa sin ninguna duda.

Hoy entraré a mi casa sin temer malas noticias, y entraré a mi aposento esperando oír buenas nuevas de mi Señor. No tendré temor de entrar en mi interior mediante un autoexamen, ni de revisar mis asuntos mediante una diligente inspección de mi actividad. Tengo mucho trabajo por hacer dentro de casa, dentro de mi propia alma; oh, anhelo una bendición en toda ella, la bendición del Señor Jesús, que ha prometido habitar en mí.


También debo salir. La timidez me orilla a desear quedarme adentro, y no salir nunca más al mundo pecador. Pero debo salir para cumplir con mi llamado, y debo salir para poder ser útil a mis hermanos, y útil a los impíos. Debo ser un defensor de la fe y un atacante de la impiedad. ¡Oh, anhelo una bendición para mi salir el día de hoy!


Señor, concédeme ir donde Tú me guíes, y ocuparme en Tus asuntos, bajo Tus órdenes, y en el poder de Tu Espíritu.


Señor Jesús, entra conmigo y sé mi invitado; y luego sal conmigo, y haz que mi corazón arda, cuando hables conmigo en el camino.

jueves, 20 de septiembre de 2012

El Amor de Dios y su Justicia

CHARLES STANLEY



















SALMO 33.4, 5
Algunas personas rechazan el mensaje de salvación porque se sienten ofendidas por lo que dice la Biblia sobre la ira de Dios. Incluso hay creyentes que tienen problemas para reconciliar el amor del Señor con su justicia. ¿Cómo puede Él ser, al mismo tiempo, perfectamente misericordioso y perfectamente justo? En un intento por conciliar este dilema, a menudo tratamos de suavizar el mensaje de juicio, y subrayar más bien el amor de Dios. Pero el amor y la justicia no son términos contradictorios. En realidad, no se puede tener uno sin el otro.
El amor de Dios trae bien a nuestra vida. Pero si no hay justicia, el pecado se vuelve incontrolable, y causa dolor y sufrimiento. Nadie piensa que un juez es amoroso cuando se niega a castigar a un criminal. Dejarlo libre no es saludable para el culpable ni para la comunidad. De la misma manera, nuestro Padre celestial no puede permitir que el pecado quede sin castigo.
Pero esto presenta un dilema aun mayor para la humanidad. Todos somos culpables delante del Dios santo. Es por eso que Cristo vino a la Tierra. Él llevó sobre sí la ira divina por todos nuestros pecados, para que el Padre pudiera ser justo y al mismo tiempo perdonador. Su justicia fue satisfecha por el mayor acto de amor: la muerte de Cristo en la cruz. Así que, quienes aceptan por fe la oferta de salvación del Señor, nunca experimentarán el castigo eterno.
Aunque en el cielo todos los creyentes compareceremos ante el tribunal de Cristo, no habrá razón para temer. Nuestro juicio tendrá el propósito de determinar las recompensas, no de recibir castigo. Por gratitud, debemos prepararnos ahora para ese momento, viviendo para el Señor cada día.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Yo Valgo Como Persona...

ADRIAN ROGERS

























ESCRITURA:
Romanos 8:39: “Ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
TESORO BÍBLICO:
Un perfeccionista en la iglesia es una persona frustrada que frustra a todos a su alrededor. Para ésta, el compañerismo nunca es lo suficientemente bueno. El maestro nunca está lo suficientemente preparado. La música no es lo suficientemente espiritual. El Señor Jesús provee la única perfección que nosotros obtendremos hasta que lleguemos al cielo. No es la perfección lo que Dios está buscando en sus hijos; lo que Él busca es la excelencia. Dios está trabajando en usted para lograr su propósito para su gloria.
PUNTO DE ACCIÓN:
Memorice esta declaración: “Yo valgo como persona, independientemente de mi servicio, porque Cristo murió por mí y me dio su vida. Mi vida está guardada en Él. Jesús me ama.”

Cómo Rendir al Máximo en el Trabajo

CHARLES STANLEY

¿Se despierta usted cada día temiéndole a su trabajo? Si es así, es posible que tenga un concepto equivocado del mismo. La Biblia nos enseña a vernos como siervos que trabajamos para el Señor, no importa quién sea nuestro patrón.
Jesucristo mismo dio el ejemplo. En Mateo 20.28, Él dice que no vino para ser servido, sino para servir. Si usted desea tener éxito en su trabajo, debe tener la actitud de Cristo, que era la de un siervo. En vez de limitarse simplemente a trabajar para recibir algo a cambio, invierta de usted mismo en los demás, y sea un buen trabajador en equipo. Si alguien le pide que le acompañe una milla, camine dos (Mt 5.41). Su actitud honrará a Dios y transformará la calidad de su trabajo.
Cuando yo estaba en la universidad, trabajaba en una fábrica de tejidos que era insoportablemente calurosa, y un lugar terrible para trabajar. No me gustaba estar allí, pero entendía que tenía que cambiar mi actitud, por lo que le dije a Dios: “Voy a hacer esto como si Tú fueras mi jefe”. Eso lo cambió todo. Ya no me importaba el calor, y podía testificar de mi fe a seis personas a la vez. A mi jefe no le gustaba que hablara de Cristo, pero volvió a contratarme el año siguiente. Si mi actitud hubiera sido negativa, nadie me habría escuchado, y no habría tenido un empleo.
Si usted está trabajando simplemente para ganar dinero, tiene una visión limitada de lo que es el trabajo. No hay nada malo en querer ganar dinero para que usted y su familia vivan bien, pero como cristiano usted sirve al Señor, y eso debe ser evidente en el trabajo que haga en este.

LA ESCALERA DE JACOB

David Wilkerson 



















Una de las personas más interesantes en el Antiguo Testamento es Jacob, un hombre estafador, engañador y manipulador. Sin embargo, Dios amaba de verdad a este hombre.
Jacob engañó a su hermano Esaú por su primogenitura. Cuando un hambriento Esaú volvió de cazar, Jacob le ofreció un plato de guisado a cambio de su primogenitura. En su cultura, la primogenitura era el derecho del varón primogénito de ser jefe del clan. Esto incluía una “bendición doble”, es decir, recibir una porción doble de todas las posesiones de su padre. Y aún mas importante, el que tuviera la primogenitura iba a ser el progenitor del linaje  patriarcal a través del cual Cristo vendría: “y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente” (Génesis 28:14).
Jacob también había robado la bendición patriarcal de su padre Isaac - una bendición que correspondía a Esaú – haciéndose pasar por Esaú. Cuando Esaú se enteró que Jacob le había robado su bendición de su padre, estuvo determinado a matarlo.
Su madre Rebeca, convenció a Isaac de enviar a Jacob lejos, donde vivía su hermano Labán. Ella quería que Jacob encontrara una esposa allí y que viviera tranquilamente. Mientras Jacob iba de camino, Dios le mostró una visión increíble. Vio una escalera descendiendo del cielo hacia la tierra,con ángeles que subían y descendían del trono de Dios, cumpliendo sus órdenes (vea Génesis 28:12)
Dios estaba corriendo el telón y mostrándole a Jacob la actividad divina que estaba ocurriendo todo el tiempo. Todos esos ángeles estaban cumpliendo una misión – iban una y otra vez a la tierra para guiar y dirigir al pueblo de Dios, ministrarles, acampar alrededor de ellos, advertirles, protegerles, guardarles y proveer para sus necesidades.
Amados, ¡Esa escalera todavía sigue ahí!, y esos mismos ángeles no han envejecido ni una hora desde que Jacob los vio. De hecho, ellos todavía están trabajando y ministrando a nuestro favor hoy en día.
Dios dijo entonces a Jacob, y a través de  él, a nosotros: “He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.(Genesis 28:15).