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domingo, 18 de noviembre de 2012

LLEGARON A SER INTRÉPIDOS

David Wilkerson


















Cuando el Espíritu Santo cayó sobre Sus discípulos, ellos llegaron a ser intrépidos. Cuando fueron al templo a testificar, el Espíritu Santo hizo que sus palabras cortaran, convencieran, como espadas perforando el corazón. Ellos predicaron el evangelio con poder y autoridad porque tenían el fuego del Espíritu Santo dentro de ellos.

Bajo esta predicación ungida, en apenas poco tiempo unas cinco mil personas fueron salvadas. Aún sacerdotes se convirtieron. Y derramamientos adicionales ocurrieron en los pueblos cercanos, en ciudades distantes e incluso entre los gentiles.
La mejor parte de esta escena increíble es que la iglesia tuvo la totalidad de su dirección del Espíritu Santo. Nada aconteció hasta que los discípulos se hubieron encerrado con el Señor y ayunaron y oraron. Cuando hicieron esto, el Espíritu vino y comenzó a dirigir cada uno de sus pasos.
Pero algo más ocurrió que es muy importante. Los discípulos habían de llevar el evangelio a cada nación, cada pueblo, pero la tradición judía les prohibía tocar aún la ropa de un gentil. ¿Cómo se suponía que llevaría
las buenas nuevas a la gente con la que no se les permitía ni siquiera asociarse? Parecía una orden imposible porque incluso los judíos conversos se atenían a estos prejuicios.
La proclamación universal del evangelio comenzó sólo cuando el Espíritu Santo asumió el control. El Espíritu Santo visitó a Pedro durante su tiempo diario de oración en un tejado: "Volvió la voz a [Pedro] la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común (impuro)" (Hechos 10:15).
Él le dijo a Pedro: "No te atrevas a llamar impuro lo que he santificado y he hecho limpio. Ahora, baja, porque hay unos gentiles que tocan a tu puerta. ¡Quiero que vayas con ellos y les prediques acerca de Jesús!"
El Espíritu Santo había resuelto el problema del perjuicio de la noche a la mañana. Él abrió el mundo gentil al evangelio simplemente hablándole a sus seguidores. ¡Todo fue dirigido claramente desde el cielo!
Los poderosos creyentes del primer siglo recibieron todas sus órdenes de marcha del Espíritu Santo mismo: "Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron…" (Hechos 13:4). Ellos nunca hicieron un sólo movimiento hasta no estar primeramente a solas con Dios en ayuno y oración. ¡Y el Espíritu Santo les respondió dándoles una dirección clara!

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